Seguimos con lo de las colaboraciones, esta vez le toca el turno a una que a día de hoy es mi amiga pero que en su día fué mi desahogo diario en los largos días de aislamiento, cuando entró por primera vez para solo presentarse y darme unos folios para leer nunca imaginé que me iba a ayudar tanto, nunca imaginé que aunque nos cruzamos en un sitio malo íbamos a sacar cosas tan buenas, sin duda el trabajo que realiza en la tercera viene muy bien,además ella lo hace por vocación y eso sin duda se nota mucho,  en mi caso a mí que era la que necesitaba ayuda para afrontar lo que me estaba pasando, Begoña con mis brazos como bien recuerda ella tenía suficiente, pronto se dió cuenta de que ella venía a hablar todos los días un ratito a la habitación y cuando venía ella se quedaba muy tranquila, os dejo su testimonio que no tiene desperdicio, a mí me ha emocionado mucho:

” Las cuentas de la felicidad-.

A mi amiga Yolanda:

Hace unos días Yolanda me pedía a través de un privado por facebook que contase cómo nuestros caminos un día se cruzaron, lo que en un primer momento me hizo muchísima ilusión y acto seguido, hizo que llegase a mi mente la siguiente pregunta ¿cómo resumir tantas experiencias vividas en unas líneas?, pues lo haré comenzando por el principio de todo.

Desde siempre he conocido a la Asociación A.L.E.S. de Padres de Niños con Cáncer, ya que es una Asociación que fue fundada por Concha Robles (Presidenta de A.L.E.S.), una mamá coraje de Villacarrillo, mi pueblo, donde desde muy pequeña sabía de todas las acciones que esta Asociación llevaba a cabo para los niños con cáncer (y de esto hace ya más de veinte años…), acciones encaminadas a cubrir las necesidades que surgen a raíz del diagnóstico de cáncer a un hijo.

Más tarde, yo comenzaba mis estudios universitarios aquí en Jaén, psicología, algo que había tenido claro desde siempre, y cuando llegó el día de realizar mis prácticas también tenía muy claro dónde quería que fuesen, en la Asociación A.L.E.S., en la que uno de los programas (entre muchos otros) es el de apoyo psicológico, así que un día me fui a hablar con Concha y hasta hoy, ya que posteriormente a la realización de mis prácticas tuve la inmensa suerte de poder quedarme trabajando en lo que es mi vocación, aquí en el Hospital Ciudad de Jaén, donde la Asociación dispone de un despacho (Ya que la sede se encuentra en Villacarrillo, donde trabaja mi compañera Gemma, trabajadora social de la Asociación).

Mi trabajo como psicóloga de A.L.E.S. consiste en atender a las familias cuyo hijo/a ha sido diagnosticado de cáncer, desde el momento del diagnóstico, durante el proceso de enfermedad y el seguimiento de la misma, hasta que sea necesario.

Así que el hecho de que el camino de Yolanda y Begoña se cruzase con el mío fue debido a estos dos motivos: un motivo elegido, mi decisión de dedicarme a este área de la psicología, (lo cual es posible gracias al gran trabajo y esfuerzo que se realiza desde A.L.E.S. para poder disponer de dos trabajadoras) y otro motivo que no fue elegido por nadie, el diagnóstico de una leucemia linfoblástica aguda a Begoña.

Recuerdo esa primera vez, pasé a su habitación de la tercera planta y vi a la pequeña Begoña, era un bebé, y su madre la tenía cogida en brazos, siempre que recuerdo el tiempo de ingreso de ambas (y digo ambas porque aquí el paciente es la unidad familiar, cuando un niño enferma de cáncer, sus papás lo hacen con él), recuerdo la misma imagen, a Begoña en brazos de su mamá. Aquel día sólo me presenté y recogí sus datos, hay que ser consciente de que en estos momentos los papás no pueden asumir nada más, acaban de conocer la peor noticia de su vida.

En los siguientes días (ya en la habitación de aislamiento) iba a visitarlas y cada día Yolanda y yo hablábamos de todo lo que ahora les había tocado vivir, de cómo ir asumiendo cada día, porque en esta enfermedad hay que ir afrontando cada momento. En definitiva, como dice Sandra Ibarra en su libro”” (que ha sido uno de los regalos que me ha hecho Yolanda) “el cáncer no debe ser vivido como un paréntesis en la vida, sino como una parte de la vida que hay que vivir”.

Luego establecimos una herramienta terapéutica que a mí me gusta mucho, Yolanda escribía todo aquello que le preocupaba o lo que le hacía sentir bien, lo que sentía, lo que vivía aquellos días y luego yo me llevaba esos escritos para leerlos y al día siguiente hablar sobre ellos. Ella siempre escribe, y aquello que un día fue algo que tuvo que usar durante el proceso de enfermedad de Begoña, hoy creo que a través de este blog es una herramienta que ayuda a muchas personas que están pasando por una situación similar, así que yo sólo puedo animarte a que sigas haciéndolo, no hay nadie mejor para ayudar a un papá/mamá, que otro que está o ha pasado por la misma situación.

Durante este tiempo Begoña se había adaptado a este entorno hospitalario (que gran capacidad de adaptación la de los niños), a mi llegada a la habitación, aceptaba  que yo iba a charlar con mamá, tenía una fortaleza increíble con lo pequeñita que era, recuerdo que siempre tenía muy buen apetito y a mí me encantaba verla comer tan pequeñita ella sola, así que iban transcurriendo los días y yo siempre veía a una niña feliz, acompañada de una mamá que tuvo que superar este duro golpe; y así sin darnos cuenta el rol terapeuta paciente se fue convirtiendo en otro muy diferente, se transformó en una amistad entre dos personas, entre Yolanda y yo, por eso comienzo estas líneas diciendo “A mi amiga Yolanda…” porque así es a día de hoy.

Tras un largo proceso de hospitalización, Begoña, comenzó otra fase en la que aunque pasaría más tiempo en casa tendría que seguir con tratamiento. En esta etapa veía a la peque en sus días de ingreso ambulatorio o en días de analítica de control y cada día iba viendo al bebé transformarse en una niña muy fuerte, que  siempre estaba feliz, jugaba en la sala de padres con los demás niños, con los voluntarios de A.L.E.S. hasta que llegaba la hora de volver a casa.

Y después de una larga y agotadora lucha para esta madre y familia (porque aunque sólo hable de Yolanda, que es con quien he establecido un fuerte vínculo de amistad, en este tiempo, detrás de esta historia hay un papá y un Yayo, como le dice Begoña a su abuelo, unos tíos, primos… que siempre han estado ahí) llegaba la recuperación de la pequeña, pero hasta este momento han tenido que transcurrir dos largos años, en los que he “compartido” con ellos momentos muy difíciles, pero también momentos únicos, momentos como los cumples de Begoña junto a ellos, días de McDonald´s, días de comidas, días donde he visto a Begoña superar su enfermedad y llegar a ser la niña que hoy es, una niña sana, feliz, con ganas de hacer mil cosas (bailar, disfrazarse, maquillarse…), a una Begoña incansable como ha sido durante todo el proceso de enfermedad (Cuando Yolanda y yo hablábamos por facebook a las mil de la noche y me decía aun sigue aquí jugando, esas noches en las que nos despedíamos con “un día menos”).

Desde que comencé mi trabajo en A.L.E.S. mi vida ha cambiado porque han entrado a formar parte de ella muchas personitas luchadoras, como es el caso de la pequeña Begoña, y  sus compañeras/os de batalla, como es Yolanda, esa mamá luchadora, que en todo momento ha sabido empujar la balanza hacia el lado menos malo, que decidió, a pesar de lo difícil de ello, vivir esta etapa de la vida de su pequeña de la mejor manera posible, como hacen los papás que he conocido en este tiempo, vivir por y para sus hijos, hacer de su amor hacia ellos el mejor de los mecanismos para afrontar esta realidad.

Yo suelo decir que no es lo mismo ver las cosas desde el cristal de la puerta de las habitaciones, que desde dentro de ellas, pues no eres el que está dentro, pero aun así es muy difícil dejar de sentirte parte de sus vidas y de ver cómo tras la superación de la enfermedad los papás y los niños tienen una visión diferente de la vida, sobre todo de las pequeñas cosas de la vida.

El área de Oncohematología de la tercera es algo así como un mundo a parte de la realidad que transcurre fuera, el mundo de la calle, pero a la vez es la misma vida que transcurre en interior de esta planta, para aquellos a los que les ha tocado vivir esa etapa en este lugar. Me habría encantado conoceros a ambas en otro lugar, pero ha sido aquí, y ahora superada esta parte de vuestras vidas, nuestro comienzo de un mismo camino, espero que sigamos recorriéndolo juntas con muchísimos más cumpleaños y viendo a Begoña cumplir cada uno de sus planes en esta nueva etapa.”

Como bien dice ella ahora ya forma parte de nuestra vida y compartimos muchas comidas, compartimos el viaje a Disney y  a PArís, donde sigo contándole todo lo que pienso, yo creo que hago terapia con ella pero de forma relajada, ya amistosa y me viene muy bien, además como ella dice ella conoce el mundo paralelo que hay tras esos cristales que esconden mucho dolor pero muchas historias de superación y de lucha, ella si nos entiende , no de saber lo qeu hemos pasado porqeu eso sería imposible pero sí de saber de primera mano como lo pasamos y en que medida puede ayudarnos, conmigo hizo una gran labor, con niños mas mayores lo hace muy bien también , ella y los voluntarios se desviven para que su estancia sea lo mejor posible, y sin duda lo consiguen.

Te cruzaste en nuestras vidas cuando yo pasaba por el peor momento de la mía, pero sin duda el haberte conocido es lo mejor que me pasó en aquella planta, estarás en muchos mas cumpleaños, comeremos muchas mas veces y disfrutaremos de esta nueva etapa, un besazo.

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