Vivir en un hospital es adaptarse a su rutina, al silencio de la noche interrumpido por los llantos de los mas pequeños o por las máquinas citostáticas acopladas a cada niño, enfermeras y auxiliares pasando por el pasillo para cambiar medicación…

Es un mundo invisible a la mayoria al que acabas acostumbrandote , ahora ese era mi mundo, familia, amigos vienen y van, se asoman al cristal, si hay suerte conversas un rato y vuelven a su normalidad, yo me quedo donde ahora está enraizada mi vida, en la lucha que lleva a cabo Begoña.

Nuestra ” rutina” durante la fase de Inducción, que duró un mes era, a las 9 de la mañana todos los días analítica por via central, aunque a ella no le dolia tardó muchos dias en dejar de llorar, el simple hecho de estar cerca de ella le molestaba, tenía tensión y temperatura todas las mañanas, tardes y noches, medicación por boca y cuando tocaba tratamiento de quimioterapia, siempre suero y corticoides tambien la mayoria del tiempo, pesada de pañales y gasas en pañal para pH.

Era una situación complicada y hasta un poco surrealista, porque Begoña no sabia hablar casi nada y estaba conectada a un cable, a veces a dos y como la mayoria del tiempo estabamos solas pues el moverme con ella se hacia difícil, a veces solo queria estar en brazos, otras porque se movia tanto que podia dar un tirón al cable, ir al baño para mi era una odisea porque no siempre queria quedarse en la cuna.

Parecen que son tonterias pero es una impotencia la que sientes al verte encerrada sola con tu hija y con limitación de movimiento, hay mucha gente que te querria ayudar pero no pueden entrar, asi que al principio es lo que mas agobia, curiosamente una de las primeras palabras que empezó a decir era ” tranquila” que la verdad venia muy bien a la situación y que a veces nos hacia hasta gracia, sobretodo por lo que gesticulaba al decirlo.

Mis manos y mis pies por las mañanas era mi papa ( papito ), el abuelo cariñoso, el yayo siempre fiel , al pié del cañon, el era el que me calentaba el biberón todos los dias y estaba toda la mañana en la sala de padres ( daba pared con pared con nuestra habitación) por si necesitaba algo, de vez en cuando se asomaba a traves del cristal para vernos tambien.

El durante ese mes tuvo la oportunidad de conocer muchas historias de otros niños que ya estaban en otra fase del tratamiento y que venian al hospital de dia o simplemente a hacerse una analítica de control, y a muchos padres, a menudo me los asomaba al cristal para que yo viese a esos niños como corrian, como jugaban, como estaban llenos de vida y a esos padres para que me diesen animo que eso venia muy bien.

Cuando no llevaba mucho tiempo un dia entró una mama de un niño con el mismo diagnóstico que Begoña al que le quedaban nueve meses para acabar, me dió mucha fuerza y animo  escucharla aunque no podia parar de llorar al hacerlo, y sobretodo lo que mas me ayudo fue ver al niño lo bien que estaba y el buen aspecto que tenia.Hace un mes que ha acabado su tratamiento, lo ha conseguido y yo no puedo dejar de emocionarme al ver como lo logran.

Otra de las cosas que formaba parte de mi rutina y que ademas fué fundamental para mi a nivel emocional era que cada mañana se pasaba un rato la psicóloga de la asociación de padres de niños con cáncer que hay en la provincia y que tiene un despacho en el hospital, se ponía su bata y mascarilla y entraba todos los dias a charlar conmigo un rato y me dejaba cosas para leer y a veces yo le daba cosas que escribia, que bien me hacia desahogarme un poco, lo necesitaba mucho, pero ella se merece una entrada entera solita  que ya la haré en su dia, a dia de hoy es mi amiga.

Luego habia toda una red de gente organizada para que no nos faltase de nada y para darnos calorcito y fuerzas , mi cuñada se encargaba de traerme la ropa y llevarse la sucia y de ver a la niña un rato todos los dias tras el cristal, mi sobrina traia cenas improvisadas de McDonalds o de una bocateria para sacarme de la habitación un rato y sobretodo para que los primeros dias comiese cuando mas me costaba, mi amiga conversaba conmigo todos los dias por telefono y todos los fines de semana nos veiamos y hablabamos mucho, mi amiga traia empanadas a veces con mensajes y todo, mis hermanos y sus visitas, cuñadas-os, sobrinos… todos se volcaron con nosotros para que nos sintiesemos arropados en los momentos de mas desconcierto y ya durante todo el camino, siempre al lado de Begoña.

Con ese calorcito me quedo hoy.

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